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Operaciones de cultivo del arándano

GARCÍA RUBIO, JC.

Preparación del suelo

Al igual que para cualquier otra especie frutal, la preparación del suelo tiene mucha importancia en el buen desarrollo del cultivo. La mejor época para comenzar estas labores preparatorias es a final del verano o principio del otoño.

Previamente, es conveniente realizar un análisis de suelo que permita, por una parte, determinar su pH y realizar alguna enmienda si ello fuese necesario; y por otra, corregir con el abonado de fondo las posibles deficiencias de nutrientes. Con niveles de Fósforo (P) y Potasio (K) por encima de 10 ppm y 150 ppm, respectivamente, no sería necesario realizar el abonado mineral de fondo. Si los niveles son inferiores, se aportará la cantidad necesaria para aproximarse a los óptimos.

Aunque son especies de suelos muy ácidos, si el pH fuera inferior a 4 se deberá realizar una enmienda caliza, o encalado, para ajustarlo a los niveles óptimos, aportando aproximadamente 1.000 kg/ha de cal viva (CaO) o apagada (Ca(OH)2) para elevar 1 unidad de pH. Estas cales se consideran productos de actuación rápida, pues prácticamente en un mes reaccionan con el suelo y realizan su acción neutralizante.

Por el contrario, si el valor de pH es ligeramente superior a 6, además de utilizar abonos de reacción ácida (sulfato amónico, sulfato potásico, etc.) es aconsejable aplicar alguna enmienda como el azufre. Se recomienda una dosis, según el tipo de suelo, que puede oscilar entre 1.000 y 1.500 kg/ha para bajar un punto por año, no siendo aconsejable disminuir más de un punto anualmente. La aplicación se realiza por lo menos 6 meses antes de establecer la plantación, incorporándose en los primeros 15-20 cm de suelo. Además de la aportación de azufre, se recomienda realizar una fertirrigación continua durante todo el ciclo de cultivo, acidificando tanto la solución nutritiva como el agua de riego, para mantener el pH en la zona del sistema radicular dentro de los niveles óptimos.

Otra forma de cultivo para suelos de pH excesivamente alto es hacer una zanja en la línea de plantación y sustituir esta tierra por otra que reúna las características adecuadas. El inconveniente de esta técnica, para fincas grandes, es que resulta muy costosa.

Dado que es un cultivo muy exigente en materia orgánica, si el porcentaje de ésta es inferior al 2-3%, será necesario aportar estiércol a razón de 30 a 60 t/ha.

Una vez hechas las correcciones necesarias, la primera de las labores será subsolar toda la parcela, para romper las capas más profundas, airear el suelo y facilitar el drenaje en zonas con peligro de encharcamiento. A continuación, se da una labor de grada o arado de vertedera, para enterrar los abonos, dejándose así el terreno hasta el momento de la plantación.

 

Justo antes de realizar la plantación, se pasa la fresa o rotovátor para eliminar la vegetación que haya salido y desmenuzar el suelo. Es muy importante realizar todas estas labores de preparación con maquinaria cuando el suelo tenga buenas condiciones de humedad, lo que se conoce con el nombre de “tempero”, para evitar su apelmazamiento.

 

Plantación

El marco de plantación dependerá en parte, del tamaño de la parcela, del sistema de recolección (manual o mecánica), de los cultivares (más o menos vigorosos, erectos o abiertos), y por supuesto, de la fertilidad del suelo.

Si se trata de pequeños huertos, donde no es necesario circular por las calles con maquinaria, el marco puede ser de 0,75 a 1,0 m entre plantas y de 2,0 a 2,5 m de calle. En el caso de superficies mayores de 0,5 ó 1,0 ha, donde es imprescindible tener acceso por la calles con maquinaria para realizar las distintas labores de cultivo y recolección, el marco entre plantas puede ser igual al anterior, pero la calle ha de tener como mínimo 3 m, o incluso 3,5 m si se va mecanizar la recogida de la fruta con máquinas autopropulsadas. Hay que dejar una zona de giro al final de las calles de 5 a 7 m. Los cultivares de la especie V. ashei, al ser más vigorosos, podrían necesitar un marco un poco más amplio (1,5 x 3 – 3,5 m).

Hoy en día cada vez es más frecuente realizar las plantaciones de arándanos con densidades mayores, pudiendo llegar a las 6.000 plantas por hectárea con el fin de obtener producciones altas los primeros años y amortizar rápidamente la inversión.

Conviene realizar el trasplante con plantas con cepellón de 1 año de edad, comercializada en macetas de 1 a 2 litros. Plantas de más edad deberían estar en macetas de mayor capacidad para evitar que las raíces se enrosquen dentro del contenedor. Si esto ocurriera, es muy importante deshacer estas vueltas recortando las raíces enroscadas, justo antes de plantar. No es muy aconsejable usar plantas a raíz desnuda, y aún menos si no existe la posibilidad de riego tras la plantación, ya que el sistema radical del arándano es bastante sensible a la desecación,


Se debe plantar dejando el cepellón ligeramente enterrado y apretando la tierra de su alrededor para evitar la formación de bolsas de aire. Si la plantación se realiza coincidiendo con un periodo de sequía, se deberá dar un riego inmediatamente después de la plantación para mantener la humedad de las raíces y mejorar el contacto de éstas con la tierra.

Siempre que sea posible es preferible hacer la plantación temprana, a final de otoño, puesto que la actividad del sistema radical comienza mucho antes que la de la parte aérea. De esta manera, podemos tener la planta bien arraigada cuando comience la brotación en primavera. No obstante, con plantas con cepellón y teniendo el riego instalado, se puede plantar prácticamente en cualquier época del año.

 En suelos con riesgo de encharcamiento es muy aconsejable plantar en caballones, que mejoran el drenaje alrededor de las plantas, ya que el sistema radical del arándano es muy susceptible al exceso de humedad. De esta manera se disminuyen los problemas de raíz debidos a Phytophthora. Los caballones medirán, aproximadamente, 0,70-1,0 m de ancho y 30–40 cm de alto.

Acolchado

El acolchado, o mulching, consiste en cubrir el suelo de la línea de plantación con materiales orgánicos (corteza de pino, paja, serrín, etc.) o materiales sintéticos (plástico, malla antihierbas, etc.), fundamentalmente para evitar el crecimiento de las malas hierbas y mantener la humedad en la zona del sistema radical. La colocación de una cobertura superficial ayuda a reducir la frecuencia de riegos, además de proteger a las jóvenes raíces de la excesiva evaporación del agua durante los días calurosos. Su colocación es, por ello, imprescindible en caso de ausencia de riego. Esta técnica favorece enormemente el desarrollo de la planta en los primeros años, resultando plantas sanas y vigorosas con mejores producciones y con mayores crecimientos en la madera del año.

El acolchado de origen orgánico tiene la ventaja de aportar materia orgánica al suelo y mejorar su estructura, pero tiene una duración muy corta (4-5 años) y las hierbas se instalan sobre él. Por el contrario, la malla antihierba tiene una duración de 10-15 años y cumple mejor la principal función del acolchado, que es evitar el crecimiento de la hierba en la línea de plantación.

 

El acolchado debe ocupar una franja aproximada de 1 metro de ancho a lo largo de la línea de plantación. Si se trata de un acolchado orgánico, el espesor de éste deberá ser de 15-20 cm, reponiéndolo cada 4-5 años.

Si se coloca la malla anti-hierba, para permitir enterrar las plantas puede ser suficiente realizar sobre ella 2 cortes en forma de cruz, de unos 15-20 cm de largo, aunque también pueden emplearse quemadores u otros instrumentos.

En cuanto al mantenimiento del suelo es aconsejable mantener la calle encespada, con ello se consigue minimizar la erosión del suelo en zonas de pendiente y disminuir la compactación del terreno por el paso de la maquinaria. La hierba se debe cortar de forma periódica para evitar la competencia de ésta, en agua y nutrientes, con el cultivo. Esta operación es preferible realizarla con desbrozadora, dejando los restos sobre el terreno que se irán incorporando al suelo para aumentar el contenido en materia orgánica.


Para controlar las malas hierbas que puedan salir a través del acolchado, o por los bordes de éste, se pueden utilizar herbicidas. Los más aconsejables son los de contacto no sistémicos, tipo glufosinato, y los sistémicos tipo glifosato. Este último es más eficaz porque elimina las hierbas de raíz, pero hay que tener la precaución de no tocar las partes verdes de las plantas. Además, en suelos muy arenosos debe usarse con mucha precaución, al ser posible que la planta lo asimile por la raíz.


Riego

Esta especie es sensible a los periodos de sequía estival, sobre todo en la fase juvenil, ya que sus raíces carecen de pelos absorbentes siendo muy propensas a deshidratarse. Por ello, es necesario mantener un nivel adecuado de humedad.

Los frutos de los arándanos muestran un crecimiento cíclico: un primer periodo rápido de crecimiento del pericarpio, o parte del fruto que rodea la semilla, que abarca hasta unos 29 días después de la fecundación; un crecimiento ralentizado del pericarpio con un rápido desarrollo del embrión de 5 a 56 días; y por último, otro periodo de desarrollo acelerado del epicarpio que continúa hasta la madurez, que puede ser de unos 26 días.

El tamaño del fruto está condicionado por el nivel y las oscilaciones de la humedad en el suelo, de ahí la gran importancia del riego.

En plantaciones adultas, las mayores necesidades de agua se centran en la época de engrosamiento y maduración del fruto, es decir, de junio a septiembre. Por otro lado, en los meses de julio y agosto comienza la formación de yemas de flor para el año siguiente, pudiendo disminuir considerablemente su número si coincide con un periodo de escasez de agua en el suelo.

Es importante realizar un análisis de la calidad del agua de riego, ya que el arándano no tolera bien la salinidad, ni los excesos de calcio, boro o cloro.

Las aplicaciones de riego deben de hacerse de forma que se mantengan húmedos los primeros 15 a 20 cm del suelo, ya que es donde se encuentran la mayor parte de las raíces.

Los requerimientos de agua dependerán de factores climáticos como la temperatura del aire, el viento, la humedad relativa, la insolación, así como del tipo de suelo. En un suelo arenoso se debe aumentar la frecuencia de los riegos y disminuir su duración; al contrario que en un suelo franco, con una mayor retención de agua, donde los riegos pueden ser más largos y espaciados.

Los sistemas de riego localizado permiten regar con una frecuencia alta y, además, ofrecen la posibilidad de realizar fertirrigación, o aplicación conjunta de agua y fertilizantes. El riego por goteo es el más adecuado, teniendo en cuenta que los caudales que hacen falta para cubrir las necesidades del cultivo no son excesivamente grandes.


Como dato orientativo, una media de 15-20 litros/planta y semana durante los meses de junio a septiembre puede ser suficiente para las condiciones de cultivo de nuestra región.

También puede utilizarse un sistema de riego por aspersión. Éste sólo se recomienda en aquellos casos en que exista riesgo de heladas primaverales, como medio de defensa ante éstas, ya que tiene mayores inconvenientes, como favorecer la botritis en el periodo previo a la caída de los pétalos.


Fertilización

Como se ha indicado, los arándanos se cultivan en suelos ácidos en los que muchos nutrientes se encuentran en niveles bajos. Generalmente, estos arbustos tienen bajos requerimientos en fertilizantes siendo además, bastante sensibles a contenidos altos en sales. Debido a estas necesidades nutricionales poco comunes, muchas prácticas de fertilización habituales en frutales no son apropiadas para los arándanos.

Numerosos estudios han evidenciado que para conseguir un rápido crecimiento en las plantas jóvenes, así como para obtener altas producciones en plantas ya envejecidas, es necesario aplicar un buen programa de fertilización.

Las recomendaciones de abonado se han de hacer siempre en base a los análisis correspondientes de suelo y foliares. En plantaciones ya establecidas, el análisis foliar es más útil que el del suelo. El primero permite verificar el programa de fertilización establecido, y se recomienda realizarlo cada 2 ó tres años. El análisis del suelo puede realizarse cada 3 ó 4 años para comprobar cambios del pH del suelo, y de nutrientes como fósforo, potasio, calcio o magnesio. Las muestras del suelo deben recogerse en la línea de riego, en la zona comprendida entre la planta y el gotero.

Para los análisis foliares rutinarios es necesario coger, en julio o la primera quincena de agosto, hojas recién expandidas de ramas del año, en número de 5 hojas de cada una de al menos 10 plantas repartidas de forma aleatoria por la finca. Si la finalidad del análisis foliar es diagnosticar un posible problema, es necesario recoger una muestra de las plantas afectadas, así como otra de plantas aparentemente sanas, en el momento en que éste se detecte. En la Tabla 4 se señalan los rangos óptimos de macro y microelementos en hojas de arándano, así como el valor a partir del cual se considera carencia o exceso del nutriente en cuestión.

 

 Niveles foliares orientativos de macro y microelementos en arándano (Fuente: Hanson y Hancock, 1996)

Nutriente  Óptimo Deficiencia  Exceso
Nitrógeno (N) % < 1,70  1,70 – 2,10 > 2,30
Fósforo (P) % < 0,08 0,08 – 0,40 > 0,60
Potasio (K) % < 0,35  0,40 – 0,65 >0,90
Calcio (Ca) % <0,13  0,30-0,80  >1
Magnesio(Mg)% <0,10 0,15 – 0,30 nd
Azufre (S) %  nd 0,12 – 0,20 nd
Boro (B) ppm <18 0,30 – 0,70 >200
Cobre (Cu) ppm <5 5 - 20  nd
Hierro (Fe) ppm <60 60 - 200 >400
Manganeso (Mn) ppm <25 50 - 350 >450
Zinc (Zn) ppm <8  8 - 30 >80

nd: información no disponible

Como norma general, para un buen desarrollo de la planta, sobre todo en los primeros años, las dosis de abonado han de ser bajas y repartidas a lo largo del periodo comprendido entre marzo y julio. La fertirrigación juega, por tanto, un papel muy importante en el buen desarrollo de este cultivo, incorporando los abonos al agua de riego y dosificándolos según sus necesidades.

El nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K) son los macronutrientes que necesita el arándano en mayor cantidad, junto a otros secundarios como el magnesio (Mg), que precisa en una cantidad inferior. Los oligoelementos, o elementos químicos requeridos en muy pequeñas cantidades, también tienen su importancia en la fertilización.

En general, en los suelos recomendados para el arándano, con porcentajes altos de materia orgánica, no son frecuentes las carencias de microelementos (hierro, manganeso, zinc, cobre…), al contrario que en suelos muy arenosos y con poca materia órganica.

Para una plantación en plena producción, una dosis media de abonado puede estar en torno a 90 N, 45 P, 90 K y 25 Mg de UF (unidades de fertilizante)/ha.


Poda

Teniendo en cuenta que el arándano produce sobre madera crecida el año anterior, y que las ramas de más de 4-5 años ya no son óptimas para producir fruta de calidad, se puede deducir que la poda en esta especie es un factor fundamental para facilitar la renovación anual de ramas y obtener cosechas de calidad.

 Los objetivos de la poda del arándano pueden resumirse, básicamente, en:

- formar una mata con 8–10 ramas principales, que salen directamente desde el suelo o desde el cuello de la planta formando una especie de tronco, según variedades,
- promover el crecimiento de madera nueva,
- controlar el tamaño de la planta, y
- procurar una producción regular.

Si no se realiza una poda regular, a partir del 5º-6º año las ramas comienzan a envejecer y la planta alcanza una densidad excesiva, con crecimientos cada vez más débiles y la consiguiente falta de ramas de renovación. Esto conlleva el envejecimiento prematuro de la planta, una merma en la producción, así como una mayor susceptibilidad al ataque de plagas y enfermedades.

Por el contrario, si se poda en exceso se desarrollan ramas muy vigorosas que producirían una escasa cosecha con frutos grandes.

Por lo tanto, la poda tiene que ser equilibrada, basada en el comportamiento varietal y adaptada al sistema de cultivo.

La época más adecuada para podar es el periodo de reposo invernal, comprendido desde noviembre hasta principios de marzo.


 

Ficha Bibliográfica
TítuloOperaciones de cultivo del arándano
Autor/esGARCÍA RUBIO, JC.
Año Publicación2010
Área

Experimentación y Demostración Agroforestal.

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